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Cómo Rembrandt sabía retratar la vida interior de las personas

Rembrandt (1606-1669), fue el artista del Barroco más importante de los Países Bajos, muy relevante mundialmente. Artista de mirada humilde, como se refleja en sus autorretratos, retratos que se hizo a lo largo de su vida, dónde se puede leer en su rostro la evolución de su vida interna, más apenada y melancólica en sus últimos días. Artista sumamente intimista que supo enfatizar con la condición humana a través de sus pinturas analíticas, influenciadas por la religión cristiana y judía, así como de sus propias experiencias. Sus obras más destacadas serían: "El sacrificio de Isaac" de 1635, "La lección de anatomía del Profesor Tulp" de 1632 y "La ronda nocturna" de 1642.

Cultivó en gran manera el retrato, donde supo dar a sus contemporáneos un aspecto aislado y muy naturalista. Eso es debido a que realizaba un tipo de pintura en claroscuro, donde la zona iluminada se centraba en el personaje, marcando su personalidad en el rostro y los gestos, todo ello, remarcado por un fondo oscuro que separaba al personaje de su contexto, realzando sobretodo la figura y su expresión. Muchas veces realizó obras de personajes individuales y, otras veces, a lo largo de su trayectoria, conjuntos grupales más complejos. Los colores que abundaron siempre en sus obras, eran colores terrenales, rojos, caobas, naranjas, ámbares, marrones, granates, negros y blancos. El blanco le servía para destacar los rostros y los puntos de luz. Sus pinturas reflejan muy intencionadamente las personalidades de los representados, produciendo cuadros diferentes entre sí, debido a esta cualidad. Supo retratar la vida interior de las personas, separándose del mero carácter que podían tener literariamente, y vistiéndoles de rasgos llenos de cotidianidad y naturalidad.

"La profetisa Ana" de 1631, es una obra que podéis encontrar en el Rijksmuseum de Ámsterdam, cuyas características os explicaré hoy. ¿Qué está haciendo la protagonista del cuadro?, uno se pregunta al mirarlo. Ya no, ¿quién es el personaje?, sino, ¿qué está haciendo?. Con las obras de Rembrandt, la pregunta clásica de la historia del arte cambia. Rembrandt nos hace partícipes de la acción del personaje, porque pone especial énfasis en representarla. Lo hace acercando el personaje al espectador, y lo hace dando plena importancia a su figura, prescindiendo del fondo y de los complementos del espacio. Apenas nos muestra nunca el espacio, tan sólo a sus personajes y a su acción, marcando con un punto de luz la acción y oscureciendo el resto. De esta manera, vemos cómo Rembrant ha iluminado la mano que marca la lectura, y el libro, objeto de la acción. Es claramente muy teatral y directo a la vez. La personalidad de Ana, se define a través de su acción, la lectura de una profecía que hasta nosotros podemos llegar a leer.

Rembrandt fue siempre fiel a la Naturaleza y, esto lo llevó a evolucionar siempre lógicamente, con unos resultados que siempre fueron coherentes a su estilo, un estilo que desarrolló muy tempranamente. Estudiaba la realidad minuciosamente, realizando por cada obra decenas de bocetos previos, con la idea inicial y final preconcebidas.

Sandra Sàrrias, 2017

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