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Cómo Goya sabía ridicularizar a aquello merecido

Goya (1746-1828), fue un artista revelador y revolucionario español, que formó la base de las pinturas y arte vanguardista posterior, y abrió la época del Romanticismo, con las características grotescas de sus grabados y el espíritu sublime de sus pinturas negras de su última época. Fue un artista que abarcó la pintura de caballete, de mural, el grabado y el dibujo. Su obra tiene varias etapas, una primera afrancesada y rococó, una segunda burlesca y realista, y una última, fuertemente dramática. Fue un artista muy prolífico, para destacar algunas obras, podríamos nombrar: "El sueño de la razón produce monstruos" de la serie de los caprichos de los años noventa; "La familia de Carlos IV" de 1800, "El tres de mayo de 1808 en Madrid" de 1814 y "Saturno devorando a su hijo" de 1819-1823.

"La boda" de 1791-1792, es una obra poca conocida del artista, pero que representa su carácter burlesco y casi grotesco que empezó en los años 90 del siglo XVIII. Hogarth y Goya, son los máximos exponentes de la sátira social de esta época. No es nada extraño pues, que Goya retrate a unos novios que se van a casar por compromiso, es decir, por cuestiones económicas, como a dos seres ridículos y absurdos. Vemos la pareja centrada en el medio del cuadro, la mujer con una postura rígida, sacando pecho y con cara de boba atolondrada, situada delante de un niño que parece predicar el sermón, haciendo la situación aún más estúpida. Detrás de ella, el futuro marido, con cara de mono, sin cuello y envuelto de lazos, de color rojo para marcar el personaje víctima del futuro suceso corrupto, y a la vez, para marcar también su culpabilidad. Detrás de ellos, hombres que murmuran y se ríen de la escena, y el anciano de delante que les mira con compasión, el sabio que lo sabe todo. Delante hay mujeres incrédulas acompañando a la novia, vestidas a la moda francesa como los hombres. Todos situados bajo de un puente, para que pase la corriente y se los lleve a todos como en un diluvio universal. Un hombre delante que toca una trompeta, en lugar de violines, un instrumento de viento que en la historia del arte se lee como la música de los sátiros, la de las almas necias.

En esta obra, toda referencia al paisaje desaparece, Goya quiso hacer una obra seca y árida con colores tostados y oscuros. En su obra anterior había pintado muchas escenas alegres y cotidianas, situadas en un fondo paisajístico al estilo de Claude de Lorrain con los colores de Tiziano, obras para satisfacer los gustos de palacio de la reina María Luisa, la mujer de Carlos IV. De esta manera, Goya empezó pintando escenas de júbilo, y por voluntad propia, acabó pintando temas oscuros y tremendamente trágicos. Nunca quiso dar la espalda a la sociedad, pintó en función de lo que vivía, una sociedad convulsa en un contexto bélico y terrible.

Sandra Sàrrias, 2017

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