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Rayos X de Nick Veasey (I)

Vivimos en un mundo sobrevalorado por la imagen, engañados por las sensaciones que nos transmiten esas dentro de nuestro mundo ilusorio y sin falta de imaginación, pero como seres razonables deberíamos siempre, o sin ser tan exigentes, obligarnos a veces a reflexionar sobre el contenido real de estas máscaras fabricadas por los mismos, es decir del mismo mundo ilusorio, llegaríamos a reestructurar ese mundo ilusorio por un posible mundo real sin artificios frustrados y por ello creados. A lo mejor nos daríamos cuenta des de la yema del huevo que ese mundo real puede ser el mas bello. Sin embargo, aún no podemos crear un mundo bello sin objeto, y claro es que el objeto como existencia visible y física por nuestra consciencia espera de nosotros para obtener su ornamento, de aquí nuestros mitos creados y nuestras creencias de nuevo mitificadas. Pero vale la pena al menos intentarlo y ese tipo de intento es lo que hace tan interesante la obra de Nick Veasey al descubrir el reverso del cromo, la cara oculta de nuestras distracciones, una belleza intrínseca de la naturaleza y objetos que pueblan nuestro mundo. Lo maravilloso es que todos sus resultados son hermosos y algunos mas hermosos que sus originales, cuando se trata de nuestros retratos o bien porque se despojan de la máscara o bien porque esconde el rostro de la intención. Una satisfacción que no encontraríamos vaciando la evasión de imágenes que cubren nuestras calles, donde el huevo esconde el poder con los anhelos de los soñadores frustrados.

Las imágenes de los objetos como los toys o los fashion, las máquinas y el hombre, de Nick Veasey transforman ese mal público en una belleza imperturbable, que silenciosas con su contradicción a su original, sin rostro, sin color, sin definición, parecen obras gráficas de habilidad constructiva, calladas en su desafunción humana y en cambio provistas de otro significado. Ahora la máscara del chico con los waltmans y el micro de voz, desaparece por el otro esqueleto que canta en su lugar, parece reírse de su ilusión enseñando su humilde condición que llega a estremecer con una versión triste de lo que realmente somos sin ilusión, válgame la paradoja y la manipulación de las imágenes. Pero es que además estos esqueletos se convierten en fantasmas de máquinas deshumanizadas, sin el contenido del mito, sin el rostro de la intención. Una motriz que acelera la idea del cambio del mundo ilusorio si uno piensa, una vez despojados del mito o la máscara, vemos la frialdad de la realidad y volvemos a cubrirlo, pero alerta ahora ya conocemos el fracaso del anterior, pensemos en uno nuevo des de nosotros mismos.

Sandra Sàrrias

2010

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