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Los orígenes de la pintura abstracta (I)

Piet Mondrian forma parte del grupo de artistas que empiezan a establecer las bases del movimiento abstracto, la abstracción nace entre 1910 y 1914 en varias partes de Europa y representa la cúspide de una larga trayectoria que empiezan los artistas vanguardistas a partir de los impresionistas de forma más clara pero que ya se gesta con movimientos anteriores. La abstracción y esta trayectoria representan el camino contra el naturalismo y a veces contra el academicismo. El camino hacia la abstracción va en función de la evolución de las formas y en función del contexto temporal. Esto significa que hay un giro respecto al academicismo a partir de un momento determinado en el siglo XVIII. El academicismo se consolida en el siglo XVII i se perfecciona con preceptos y reglas a finales de siglo. Las reglas sobre el color, las medidas, la perspectiva, etc… delimitan la libertad del artista que se empezará a reivindicar en el romanticismo, en el siglo siguiente. La teoría mimética propia del naturalismo establece que la belleza de la naturaleza es superior a la belleza del arte, este postulado se mantendrá hasta Hegel, que defenderá que la belleza del arte, al ser producto del ser humano, es superior a la naturaleza porque interviene la conciencia.

En el romanticismo habrá un intento de unión entre la naturaleza, el mundo objetivo y el sujeto, el mundo subjetivo, o como definiría Shelling, una unión entre la consciencia y la inconsciencia. En este punto aparece el elemento de la inspiración propia del romanticismo, como elemento clave para el artista y el elemento del genio, donde el talento innato, o no, del artista determinará su proceso y resultado. El genio como reivindicación del individuo tan importante en las vanguardias. El romanticismo como punto de partida del 'yo' imperante (contra la desacralización de la razón de la ilustración), que Hegel critica como el 'yo' desvinculado de todo su entorno siendo propenso al vacío, característica que se parece en algunos movimientos de vanguardia. El camino de la abstracción pasa también determinado por la importancia del ‘yo’ y la relación con el exterior.

Si hacemos un recorrido desde los inicios, tenemos el nacimiento del realismo que rompe con Courbet los cánones del academicismo por las formas y por la ideología, una época postrevolución francesa con conceptos de libertad y progreso madurados, con ideales liberales, momento de revolución burguesa, intelectual y científica, donde el sentimentalismo y el 'yo' decadente del romanticismo queda desfasado y criticado por Baudalaire, momento de unión social y artística, donde el arte expresa el reflejo de la realidad. Van Gogh se refleja en esta época de unión humana y descubre en Courbet, en 1884, el valor expresivo del color: “el color expresa algo por si mismo”. Van Gogh quiere reencontrar en la generación de 1884 la generación de 1848, donde el arte y la vida estaban unidos, cuestión que desaparece con los impresionistas, donde la ciencia y la técnica sustituyen a los valores de contenido propios del romanticismo y el realismo. Aunque en Seurat el impresionismo se convierte en una ciencia estética casi podríamos tildar de un nuevo naturalismo, en los impresionistas hay una reformulación de la figuración, una transformación de la realidad filtrada por el ojo del artista donde el color cobra la importancia principal, pero aún es un color naturalista porque sigue copiando las apariencias de la naturaleza.

Van Gogh gusta tanto a los abstractos porque a diferencia del positivismo de los impresionistas, él quiere hacer una pintura que se aleje de lo literal y muestre las verdades, la profunda sustancia de las cosas. En Delacroix ya aparece el color como forma que luego aparece en Van Gogh, en Gauguin y en los expresionistas. En los expresionistas el interés del hombre de Van Gogh se hace más violento, critican la burguesía y el clímax social anterior a la primera guerra mundial, para ellos el arte oficial burgués oculta la verdad como más adelante ocurrirá con los abstractos rusos. El expresionismo es un antídoto contra el positivismo del siglo XIX, contra las celebraciones de la ciencia y sus aplicaciones, quieren vivir desde el interior, el ‘yo’ se hace patente y las formas se crean en función de este ‘yo’. Para ellos, al igual que a los abstractos, el alma es muy importante, como dice Herman Bahr una vez estallada la guerra: “el hombre pide gritando su alma”.

Sandra Sàrrias

9/2/2012

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