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Los orígenes de la pintura abstracta (II)

Después de 1870 el rechazo de lo burgués se hace patente y hay un deseo de evadirse, por ello los viajes de Gauguin y otros artistas. Momento de producción de lo exótico en cuanto Francia va reconstruyendo el imperio después de la caída de Napoleón. Hay un desprecio por parte de los artistas de la lucha europea por el dinero. Hay un deseo de evadirse de la sociedad, y por ello las primeras vanguardias sienten deseo por el exotismo, el negrismo, el infantilismo y el arcaísmo. En la escultura negra, los vanguardistas se verán atraídos por la síntesis de las máscaras, el dibujo marcado y limpio que influirá en sus pinturas. En esta frase de Gauguin ya se escucha la abstracción: “El pintor plasma mediante la simplificación, mediante la síntesis de las impresiones, sometidas a una idea general”. El Art Nouveau también forma parte de esta evasión contra el naturalismo. El exotismo y el simbolismo del arte oriental, la importancia en la línea desvinculada de las reglas de la geometría del Renacimiento y a favor de la imagen sin profundidad que tanto marcará a los vanguardistas y a los abstractos.

El decadentismo, lejos del espíritu de Gauguin, también se aleja de la sociedad en contra la burguesía exagerando el espíritu del romanticismo, con signos de neurosis y erotismo como se describe en “A Rebours” de Huysmans y en las pinturas de Moreau. Del decadentismo francés surge Marinetti, el fundador del futurismo tan defendido por Malevich. Para los fauves a diferencia de los expresionistas y los abstractos, el arte es solo expresión, una liberación del temperamento y del instinto. En palabras de Derain “los colores eran para nosotros cartuchos de dinamita”, pero sí que en ellos vemos la intención de la bidimensionalidad y el acercamiento al color puro que tanto desarrollarán los abstractos.

En el grupo expresionista alemán Die Brücke hay una clara intención de romper con las viejas reglas como dice Kirchner: “las reglas para una obra solo se forman durante el trabajo”. Más tarde en 1913, se forma Der Blaue Reiter, donde el espíritu contra las reglas sigue presente, pero no defienden el carácter temperamental y espontáneo del grupo Die Brücke, solo se unen en la lucha contra el positivismo y la sociedad. Más cercanos a los abstractos, (Kandinsky ya aparece en este grupo) tendían más a una purificación de los instintos que a una desencadenación. Kandinsky ya establece con el tratado de “lo espiritual en el arte” su significación de la obra de arte como necesidad interior.

La guerra de 1914 lleva a los artistas a reflexionar sobre las problemáticas sociales, se forma el realismo expresionista (Kathe Kollwitz, Otto Dix, Grosz…) o la Nueva Objetividad, donde se vuelve a unir el arte y la vida exterior, según Grosz “el pintor auténtico se vio obligado a pintar su propia vida interior. Y aquí empezó la calamidad”. Estos defendían a los constructivistas como artistas claros y objetivos. En estos realistas había las mismas intenciones que había en los expresionistas y en Van Gogh, y después en los abstractos, buscar detrás de la máscara la sustancia auténtica del hombre, pero a diferencia de los abstractos los expresionistas realistas mostraban la verdad en la realidad, como decía Beckmann “lo invisible se manifiesta a través del mundo objetivo”.

En el dadaísmo, nacido en Zúrich en 1916, encontramos la postura más radical contra el naturalismo, una reacción anarquista contra la guerra después de su disgusto en esta experiencia, son antiartísticos y antiliterarios, se oponen a la belleza eterna, a la pureza de los conceptos abstractos y a lo universal, a diferencia de los abstractos que lo defienden. El futurismo nacido hacia 1911, se une con el positivismo de la industria y la ciencia de su época, a diferencia de los expresionistas. Los futuristas reaccionan contra el arte oficial y se convierten en el arte político del fascismo, Malevich defenderá el futurismo por su vinculación con la máquina, el movimiento y la velocidad y su vinculación con la guerra. Según el primer Manifesto de Marinetti “Nosotros queremos glorificar la guerra-única higiene del mundo-, el militarismo y el patriotismo…” Después de la guerra, el fascismo abandona el futurismo y opta por un arte novecento, naturalista, a favor de la restauración neoclásica y académica, algo parecido pasará en la Rusia de Kandinsky y Malevich con el arte oficial soviético.

El clima burgués y oficial que hemos visto que ha ido siendo rechazado por los artistas vanguardistas, se repite en Rusia después de la muerte de Lenin, se forma un régimen oficial comunista que persigue a los artistas puros y apoya un arte oficial realista que muestre los intereses sociales del partido, en esta situación muchos artistas lo tienen difícil, entre ellos los supramatistas, según Malevich “el supramatismo, tanto en pintura como en arquitectura, es libre de toda tendencia social o material”, se negaba a admitir que los contenidos de la vida se convirtiesen en contenidos del arte, a diferencia de los constructivistas que incitaban un arte que tuviera finalidades útiles a la sociedad, Tatlin es el pionero del diseño industrial, un arte ligado directamente a la vida.

Sandra Sàrrias

9/2/2012

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