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"Santa Catalina de Alejandría" de Rafael

La obra "Santa Catalina de Alejandría" de 1507/1508 forma parte del final de la época florentina de Rafael, marcada por una especial singularidad. Rafael sigue estudiando el cuerpo humano partiendo de las referencias de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci, sus precursores, sin dejar de pensar en las enseñanzas de su maestro Perugino, muy marcada en su primera época de aprendizaje.

La particularidad de esta época reside en algunas obras que nos remiten a la tenue belleza de "Santa Catalina de Alejandría", como "La Virgen del clavel" de 1506 o la "Madonna de la Silla" de 1513/1514 y en algunas obras más grupales como "La sagrada Familia de Francisco I" de 1518, en ellas la protagonista es la virgen María, tan característico de Rafael, tal y como se conocen sus Madonnas, una suavidad en la expresión que se mantendrá en sus santas y vírgenes posteriores.

Me atrevo a decir, que "Santa Catalina de Alejandría" es su obra más especial en el sentido expresivo y emotivo del tema y del personaje. La mujer del cuadro representa a la Santa justo antes del martirio, con el atributo de la rueda en referencia al objeto de su muerte. Catalina inclina la cabeza en dirección al cielo con los ojos hacia arriba, con la boca entre abierta que relaja sus facciones y muestra su paz y su fe más interior, preparada para cualquier prueba que constate su vocación más fiel, el amor a Dios.

En el complicado escorzo de tronco y extremidades se aprecia la influencia de San Mateo de Miguel Ángel, aunque este se corrige con una suave corriente de movimientos, marcando una espiral desde la cabeza hasta su pierna derecha siguiendo los dedos de su mano derecha. Los pliegues de los vestidos siguen al cuerpo y subrayan su volumen. Tanto los pliegues como los colores rojo y verde, nos remiten a los personajes de Da Vinci.

Hay un juego de contrastes, el rojo y el amarillo del manto realzan el violeta grisáceo y el verde musgo del vestido y de la túnica interior y a la vez, marcan la perspectiva entre el primer plano y el fondo del cielo ultramarino y el paisaje difuso, marcando bien los volúmenes del cuerpo y la distancia del fondo. El fondo del paisaje también nos remite a las obras con esfumado de Da Vinci, como "La Mona Lisa", pero aquí con la línea del dibujo del brazo más marcada.

En la esquina izquierda de arriba tenemos la luz brillante del sol, hacia donde se dirige la mirada de ella, siguiendo su camino hacia Dios.

Por Sandra Sàrrias, 2017.

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