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La serenidad del cine de Kenji Mizoguchi

Kenji Mizoguchi (16 de mayo de 1898 – 24 de agosto de 1956), fue un director de cine japonés, uno de los más reconocidos mundialmente, junto a Yasujirô Ozu, Mikio Naruse y Akira Kurosawa. Lo más remarcable de su filmografía son dramas y algunos romances que muestran la manera más tradicional de ver Japón, en especial la clase trabajadora y la posición social de las mujeres.

“Gubijinsô”, realizada en 1935, es en muchos sentidos, un Mizoguchi menor, muy lejos de “El intendente Sansho, 1954”, “Cuentos de la luna pálida, 1952” o “Los amantes crucificados, 1954), pero tiene muchos detalles notables, que después desarrollaría a lo largo de su filmografía. La película cuenta la historia de Seizô Ono (Ichirô Tsukida) que, atraído por los encantos y las riquezas de la familia de Fujio Kôno (Kuniko Miyake), deja de lado a la que se esperaba acabara siendo su esposa Sayako Inoue (Chiyoko Ôkura).

En la escena, vemos a Seizô dubitativo, caminando por la calle, y se encuentra con Sayako, que mira muy feliz un escaparate, del que no podemos ver el interior por el ángulo de cámara (el plano es un subjetivo de Seizô), seguidamente, Mizoguchi hace algo muy bonito, la causa de las dudas en Seizô vienen en gran parte por Sayako, por lo que Mizoguchi acentúa esta idea haciendo una progresión escalar en el subjetivo de Seizô, dando más intencionalidad a la situación en que vive el personaje.

Seizô se esconde para no ser visto por Sayako, pues sabe que ella cogerá esta dirección, hacia casa de su padre. Al desaparecer Sayako, Seizô, siente en su interior las ganas de ver que hacía tan feliz a Sayako, y vemos en plano subjetivo, qué hay dentro: fotografías de vestidos para bodas.

No hace falta fijarse mucho para percibir que suena el célebre ‘Preludio, Op. 28, No. 15’ de Chopin, que sigue psicológicamente al personaje de Seizô desde su inicio. La pieza se caracteriza especialmente por tener un inicio muy tranquilo, y rompe abruptamente hacia un tono más lúgubre, para, finalmente, volver a la serenidad del principio. En la escena, no suena la parte final de la vuelta a la serenidad, porque Seizô acaba intranquilo, aunque anticipa el final de la obra.

Entonces, enmarcado en el escaparate, aparecen las palabras del padre de Sayako, saliendo de la conciencia de Seizô, han viajado a Tokio para que se case su hija Sayako con él. El siguiente plano tiene como fondo una reja, que muestra la situación de Seijô, preso en una situación incómoda, y escuchamos otras palabras del padre de Sayako. Acto seguido, hay una progresión escalar en el personaje, con otro fondo, otro plano para otra situación, y oímos las palabras de Kuniko. Finalmente, hay otro plano, la escala progresa un poco más, y volvemos a escuchar algunas palabras, esta vez de Sayako. Cerrando en la escena el ciclo de la canción desde la salida del escaparate: Serenidad=Sayako, lugubridad=Kuniko, Serenidad=Sayako.

Mizoguchi es uno de los directores japoneses más influyentes, y uno de los que mejor dominaban el lenguaje. En la escena vemos un uso extra diegético de la música, así como progresiones escalares, uso de los ángulos, los fondos, los diálogos (escuchados previamente) para construir una idea psicológico-emocional, y una construcción de la situación desde el punto de vista de un personaje, para marcarnos los sentimientos que se producen en él.

Francesc Alarcón

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