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El espíritu libre de la poetisa Emily Dickinson

Emily Dickinson (1830-1886), fue una poetisa estadounidense, cuya poesía fervientemente apasionada, pura y enigmática, la hizo colocarse entre los más grandes poetas de este país, junto a Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman. No sólo su poesía era verdaderamente especial, sino que su persona fue muy particular, vivió encerrada en su habitación de la casa paterna, durante mucho tiempo por voluntad propia, motivada por la inspiración de la naturaleza de su jardín, de sus libros y de las cartas que enviaba a conocidos y amigos lejanos. En este entorno llegó a escribir unos 1800 poemas, de los cuales, muy pocos fueron publicados en vida.

Se dedicó básicamente a la poesía, una poesía extraña a la época, por el tipo de estructura y otras características, como la falta de títulos de las poesías y las frases más bien cortas. Los versos suelen tener unas rimas de consonantes imperfectas y una puntuación poco habitual. Sus poesías hacen referencia muchas veces a la naturaleza, a animales y plantas. De muy joven, Emily, sintió mucho interés por las ciencias naturales, muy pronto conoció los nombres de las estrellas y las constelaciones, y se dedicó con entusiasmo a la botánica.

Muchas veces encontramos poesías de Emily que evocan a una persona, a veces femenina y a veces masculina, también destaca una reflexión mística de la religión y una gran cantidad de metáforas. La poesía que os pondré a continuación alberga un anhelo de eternidad y una posición de incertidumbre hacia el mañana y el más allá. Como la mayoría de sus poesías, no tiene título, y contiene metáforas, como el segundo verso, las dos primeras frases, que hablan de un hipotético personaje del mañana, medio hombre medio animal, como un todo en si mismo.

¿Habrá realmente un mañana?

¿Habrá una cosa semejante al día?

¿Podría verlo desde las montañas

si yo fuese tan alta como ellas?

¿Tiene pies como las Ninfeas?

¿Tiene plumas como un pájaro?

¿Lo traen de países célebres

de los que nunca oí hablar?

¡Erudito! ¡Marinero!

¡Hombre sabio del cielo!

¡Por favor vengan a decir a un pequeño peregrino

en dónde está el lugar llamado mañana!

Evidentemente, el peregrino es Emily, la que busca, piensa y escribe sobre tantas cosas conocidas y desconocidas. También hace una valoración positiva del oficio del marinero, persona que conoce los mares, el cielo y sus cambios, lo compara con un erudito y con un sabio. Poesía de una delicada sencillez y de un espíritu libre muy humano.

Sandra Sàrrias, 2017

- Poesía extraída de la edición de Tusquets del 2006.

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