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(I) A propósito discreto, de "Abaddón el Exterminador" de Ernesto Sábato

"- El hombre es un ser dual- dijo Sábato -. Trágicamente dual", citación del libro Abaddón el Exterminador de Ernesto Sábato, donde creo encontrar una fuerte preocupación del autor en la existencia humana, que me hace entender su abandono a la ciencia para entregarse plenamente al campo de las humanidades, después de su doctorado en física y su beca en radiaciones atómicas. Un proceso profundamente arriesgado que expresa sufridamente en sus novelas, del que parece estar subjetivamente unido, herramientas de soporte y absorbentes de sus anhelos y angustias más intrínsecas. "Ando mal, estoy enfermo..." viene a decir repetidamente a lo largo de la novela, obra publicada en 1974, continuación psicológica de Sobre Héroes y Tumbas de 1961, donde se puede leer en el capítulo Informe sobre ciegos nombrado en Abaddón el Exterminador, "De ese modo empezó la etapa final de mi existencia.... y que debía iniciar yo mismo la exploración de aquel universo tenebroso" después de encontrarse con la mirada de una ciega y creer que a partir de aquel momento se enfrentaba a la realidad. Una obsesión figurada con el mundo de los ciegos "la Secta de los Ciegos", se delata en su obra y se pronuncia en ficción, así como nosotros lo percibimos, como su proceso experimental después de abandonar la ciencia, coincidiendo con el tiempo real, después de 1943.

Un elemento clave de unión, que adhiere su experiencia artística, es el autorretrato de Víctor Brauner de 1931, en la novela nos relata la anécdota premonitora de la obra, nos cuenta que Brauner realizó en este año varios autorretratos con un ojo pinchado y vaciado, y realizó unas fotos al frente de la casa donde en 1938 se acontecería el horror, en el atelier de Domínguez, dentro de una disputa, un trozo de cristal cortó el ojo izquierdo de Brauner, tal como se veía en el retrato. Escalofriante a dos bandas, la realidad de Brauner dentro la ficción de Sábato y que hace que ésta pueda ser también real, si tenemos en cuenta también, las relaciones de Sábato con los surrealistas en París, tal como recuerda en la novela y como se lee en su autobiografía. Su pesadumbre diaria cumpliendo con la ciencia, mientras su alma desahoga su anhelo en las noches de París, hasta que su dispersión lo hace sucumbir a ella, si leemos su transformación en murciélago y el ocaso de la ceguera después de alcanzar sus visiones y enfrentarse a ellas, pidiendo a gritos la paz de su consciencia, palabra gravada en la tumba de su propia muerte ficticia.

Sandra Sàrrias

2010

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