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"Nada", de Carmen Laforet

Siempre que terminaba de leer unas páginas de "Nada", sentía una emoción fuerte y punzante que se mezclaba a veces con sensaciones de espanto y angustia que me producían aflicción, tristeza y melancolía, sobretodo en los anocheceres de los primeros días de otoño. Otras veces se mezclaba con sensaciones de alegría, belleza y libertad, llegaba a obtener momentos de translación del ser y del espacio. Pues lo que yo vivía con este libro no tenía nada que ver con el significado normalizado del título, pero si con la relación de esta palabra: "Nada", con la noción del existencialismo, porque, ¿no es sino la concienciación de la existencia la que hace hervir la imaginación para poder salir de ella?, así como acaba el libro "Náusea" de Sartre, en la que el protagonista Antoine Roquentin abandona su libro de historia para atreverse con la ficción.

Andrea, la protagonista de "Nada", vive en un contexto atroz y sufriente, en la casa de una familia burguesa en plena decadencia después de la guerra. Hambre, violencia, maltrato psicológico, engaño, traición, deshonestidad, amargura, celos, corrupción, son los elementos que forman este conjunto familiar dominado y manipulado por el tío Román, personaje cultivado y altivo que vive la pesadumbre del fracaso y en el que su juego con la maldad lo hace parecer ambiguo hasta casi llegado al final de la novela. Andrea madura en este complejo grotesco y sombrío a lo largo de toda la novela, en el tiempo aproximado de un año, un curso entero. Su madurez parte de la capacidad por soportar la crueldad, el desengaño, la pobreza y la desaparición de su ingenuidad producida por la primera felicidad de libertad y de ilusión del despertar de su juventud, vivido en la casa de Aribau, la casa de su familia y de las relaciones con Ena, su mejor amiga. Una gran amalgama de sensaciones convulsas traspasan las fibras más sensibles y débiles de Andrea, que la hacen danzar somnolienta y soñadora a la vez por las calles de Barcelona, en sus escapadas desesperadas, primero huyendo de Angustias, la tía que la adopta y quién dirige la casa, y después sus huidas febriles, dejando atrás la oscuridad de la casa, su olor a moho y su podredumbre de espíritus. Cada vez más, Andrea acrecienta sus delirios de existencia, la matriz atroz de su familia crea en ella la consciencia de la vida, del sufrimiento, de la continuidad del dolor y del hambre, y ¿no es esto el designio más cruel de la existencia?

Cada vez que nos acercamos más al final, la existencia de Andrea se hace más dura y pesada, nos acaba diciendo que en ella ya no pasa nada, que pasan los días como si nada pasara, y el suceso de la muerte de Román, la acerca a la más pura consciencia de la existencia, a la muerte, la huele, la siente y la ve por todas partes, llega al ocaso de la existencia, hasta que Ena desde Madrid, le da una oportunidad para huir de ella volviendo a la vida a través de la mecánica de la cotidianidad laboral. Le ofrece un trabajo y huye finalmente de su familia acabada, empieza de nuevo el nacimiento precoz de la existencia, Andrea vuelve a nacer.

Para acabar, quiero anotar la importancia de la lluvia como efecto subjetivo de Andrea, durante todo el transcurso del libro llueve varias veces, Andrea queda empapada de agua muy a menudo, la lluvia como su llanto constante, el llanto de la existencia.

Sandra Sàrrias

2013

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